Panellets de la yaya Garlopa: con patata, almendra y piñón ibérico
TGTito Garlopa · 4 min
Dificultad baja
Esta cesta de panellets es de mi madre, la yaya Garlopa. Me ha dejado contar su receta y acepta mejoras, así que si das con una, aquí se apunta.
Lleva cuatro cosas: patata cocida, harina de almendra, azúcar y, por fuera, piñones o almendra laminada. No tengo sus pesos, así que las cantidades de arriba las he cuadrado con varias recetas catalanas de panellets con patata. Cuando la vea hacerlos con la báscula delante, las corrijo.
Cocer la patata
30 minCuécela entera y con piel hasta que el cuchillo entre sin esfuerzo. Pélala y déjala enfriar del todo.
Hacer la masa
10 minAplasta la patata con un tenedor hasta que no queden grumos y mézclala con el azúcar. Añade la harina de almendra y amasa con las manos hasta que todo quede junto.
Reposar
2 hTapada, en la nevera. En frío deja de pegarse a las manos.
Formar y rebozar
20 minBolitas de unos 20 g, del tamaño de una nuez. Rueda cada una sobre los piñones apretando para que se claven, o pon unas láminas de almendra encima.
Hornear
10-12 minHorno precalentado a 200 °C, arriba y abajo, sobre papel de horno. Sácalos cuando los piñones cojan color.
Enfriar
30 minEn la bandeja. Calientes están blandos y se deshacen al cogerlos.
¿Para qué la patata?
Los panellets de pastelería son mazapán puro: almendra, azúcar y algo de huevo para unirlo. La patata hace el papel del huevo y deja la masa más jugosa. Además se nota menos el empalago del azúcar y se gasta menos almendra, que es lo caro.
No hace falta mucha. Si te pasas, la masa queda blanda y los panellets se aplastan en el horno.
Por qué mi madre solo quiere piñón ibérico
El piñón del pino piñonero, el de aquí, es alargado y sabe a resina suave. El que viene de Asia es más corto y redondeado, sale de otras especies de pino y, en un dulce donde el piñón es media gracia, se queda soso. Mi madre dice que con otro piñón no están buenos, y tiene razón.
Hay otro motivo. Algunas partidas de piñón chino se han relacionado con el llamado síndrome de la boca de piñón: uno o dos días después de comerlos aparece un sabor amargo o metálico que dura hasta un par de semanas. No hace daño, pero te estropea cualquier comida. Mira el origen en el paquete; si no lo pone, desconfía.
Sí, el ibérico cuesta bastante más. Con 150 g hay de sobra para una tanda.
¿Son sin gluten de verdad?
Ningún ingrediente lleva gluten: patata, almendra, azúcar y piñón. El riesgo está en la harina de almendra, que a veces se muele en fábricas que también trabajan con trigo. Si los vas a hacer para alguien celíaco, compra una que diga «sin gluten» en el envase. Y nada de enharinarte las manos con harina normal para formar las bolitas: con la masa fría no hace falta.
Lo que salió regular
En la foto se ve: los de almendra laminada quedaron peor que los de piñón. Las láminas, solo apoyadas encima, se caen al manipularlos, y donde la masa queda al aire se tuesta de más y sale una mancha oscura, casi quemada.
Yo probaría dos cosas: rodar también esas bolitas sobre las láminas, apretando como con los piñones, y sacarlas un par de minutos antes que las de piñón.
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