Lavanda: por qué se muere en unos sitios y en otros crece sin parar
TGTito Garlopa · 3 min · dificultad baja

La lavanda de la portada es de un vecino. Está metida en una esquina de baldosas, con un parterre de gravilla al lado, y le da el sol de lleno. La mía, a pocos metros de allí, acabó así:

Mismo clima, mismas heladas. Lo que cambia es el sitio, y con esta planta el sitio pesa más que cualquier cuidado.
Lo que tiene la esquina del vecino
Visto con ojos de lavanda, ese rincón que parece tan poco acogedor se parece bastante a una ladera mediterránea. Sol directo y, con tanta baldosa y gravilla alrededor, poca tierra que se quede encharcada.
La lavanda necesita al menos seis horas de sol al día, y mejor ocho. Con menos crece lacia, se abre por el centro y da pocas flores. Lo que no soporta, según la Royal Horticultural Society, son los suelos pesados que se quedan húmedos, sobre todo en invierno, porque las raíces se pudren.
¿Por qué se ha muerto la mía?
Lo primero que hay que sospechar es el agua, por raro que suene en una planta que presume de aguantar la sequía. Una vez arraigada en el suelo casi no necesita riego, salvo en sequías largas. Solo el primer verano hay que regarla con regularidad.
Para salir de dudas, desentiérrala y mira las raíces. Claras y con olor a tierra, estaban sanas y el problema era otro. Oscuras, blandas y con mal olor, se pudrieron.
Si no fue el agua, suele ser una de estas:
- Crece floja y con pocas flores: le falta sol.
- Se secó al acabar el invierno siendo joven: frío con la tierra mojada, o una variedad poco resistente.
- No rebrotó después de podarla: se cortó en la madera vieja.
- Mucha hoja y poca flor: le sobra abono. Prefiere suelos pobres.
En mi franja junto al muro, la lavanda y el romero han fallado en algunos puntos. Esa franja tiene tramos de sol y tramos de sombra, y con la malla antihierbas y la piedra volcánica encima no se ve si la tierra está húmeda. Si tienes algo parecido, aparta la piedra y mete el dedo antes de regar.
Donde hiela fuerte, mira qué variedad compras
Aquí hay inviernos que bajan de −10 °C, y no todas las lavandas los aguantan. La lavanda inglesa (Lavandula angustifolia) y el lavandín (L. × intermedia) son las duras: muchas de sus variedades tienen la calificación H5 de la RHS, entre −10 y −15 °C. El cantueso (L. stoechas) resiste menos y vive pocos años. La lavanda dentada (L. dentata) es la más delicada, y con estos inviernos mejor en maceta y a cubierto.
Plántala en primavera. En otoño, una planta joven pasa su primer invierno en tierra fría y mojada, que es justo lo que peor lleva.
Si tu tierra es arcillosa, la RHS aconseja plantarla sobre un montículo de 20 a 30 cm. En maceta, mezcla hasta un 25 % de grava o arena gruesa con el sustrato.
Podar sin matarla
Una vez al año, al terminar la floración, a finales de verano: fuera las espigas secas y unos dos o tres centímetros de hoja. No bajes hasta la madera vieja, la parte leñosa sin hojas, porque de ahí apenas rebrota. Deja siempre algo verde por debajo del corte.
Una lavanda vieja, abierta y toda leñosa no se arregla con una poda fuerte. Sale más a cuenta cambiarla.
¿Y si ya está seca?
Si está gris de arriba abajo, como la mía, no tiene vuelta atrás. Si solo se ha secado una parte, rasca un tallo con la uña: donde aparezca verde, sigue viva. Corta lo seco hasta ese punto, deja de regar una temporada y, en primavera, pásala a un sitio con más sol y mejor drenaje.
O haz como el vecino y búscale la esquina que nadie quiere.